Entre las joyas que habitan el Museo Porsche de Stuttgart hay un Porsche 911 de 1964, el más antiguo que se conoce en todo el mundo. Y a él se le ha dedicado una exposición especial para narrar su peculiar historia. Aunque suene a tópico, la historia de este Porsche tan especial comienza en un granero.

En agosto de 2014, un equipo de la cadena alemana RTL 2 que realiza un programa que rescata coches históricos del abandono se dirige a Bardenitz, a unos 70 km de Berlín para visitar a Bern Ibold, un mecánico jubilado que guarda en su cobertizo, desde hace más de 20 años, dos antiguos Porsche.

El estado de ambos era lamentable, pero el equipo de TV repara en el ‘extraño’ número de chasis de uno de ellos, 300.057, y llama a Alexander Klein, gerente de la colección del Museo Porsche, para preguntar por él. Al otro lado de la línea, Klein no sale de su asombro. Ese ‘Número 57’ es uno de los primeros y especiales Porsche 911 que la casa alemana produjo en 1964 y que no figura siquiera en el museo de la marca.

Solo unos días después, un equipo de la colección histórica de Porsche se planta en el granero del señor Ibold para certificar el hallazgo. Efectivamente, se trataba de la unidad número 57, fabricada en octubre de 1964. Y realiza al señor Ibold una oferta irrechazable por sus dos 'antigüedades': 107.000 euros por el Porsche 911 rojo y 14.500 por el dorado.

Tres años de trabajo

Como de costumbre, la restauración del ‘Número 57’ comenzó desmontando completamente el vehículo. El ‘torso’ restante se colocó en un baño químico para desoxidar y quitar la pintura que aún conservaba. Las piezas de carrocería que debían ser reemplazadas se tomaron de la carrocería de un Porsche 911 de 1965. Esto garantizaba que la composición, las características y la calidad de la chapa y el acero fueran lo más auténticas posible. Los ingenieros de carrocería separaron el vehículo "donante" en sus componentes individuales (vigas longitudinales, paneles verticales, interiores y exteriores…).

Los técnicos de carrocería moldearon y soldaron el acero y la chapa durante aproximadamente 12 meses. Luego vino la fase de pulido de precisión, que incluyó el montaje de acristalamientos, parachoques, manillas de puertas, antenas, faros y molduras… en el cuerpo aún sin pintar.

A la hora de aplicar las capas de pintura, los profesionales de restauración optaron por los modernos procesos de revestimiento y su protección superior contra la corrosión. Así, la carrocería del vehículo clásico se sumergió en el mismo revestimiento de inmersión catódica que se realiza en los 911 de hoy en día. Este proceso CDC se considera la mejor protección contra la oxidación actualmente disponible. Otra ventaja importante es que la película de pintura también forma una capa sellada óptima en cavidades y ángulos.

Eso sí, el color de pintura Red Signal 6407 original fue respetado. Y en lugar de la mezcla original de pinturas a base de disolventes, los especialistas desarrollaron pinturas a base de agua más respetuosas con el medio ambiente. De acuerdo con los planes originales para la aplicación de la pintura, la pintura roja también se cubrió en ciertas áreas, como los recortes de los accesorios, para evitar que el color se viera a través de los espacios.

Después llegó el turno de la restauración de toda la parte mecánica, así como del revestimiento interior. Y así, después de algunos ajustes finales, el más antiguo 911 conocido volvió a su nueva vida en el Museo Porsche en otoño de 2017.

El 911 que nació como un 901

Porsche presentó al sucesor del 356 en el Salón del Automóvil de Frankfurt de 1963. Lo llamó 901. Pero poco después de iniciar su producción, Peugeot presentó una reclamación contra la marca alemana, ya que la casa francesa tenía registrada una denominación para sus vehículos con tres cifras que incluían un 0 en el centro.

Esto obligó a Porsche a cambiar el nombre de su recién nacido por el de 911. Así, los vehículos fabricados hasta ese momento lo fueron bajo el nombre de 901, aunque luego fueron vendidos como 911. Porsche no contaba con ninguna de esas primeras unidades por lo que el hallazgo del ‘Número 57’, su restauración y su inclusión en los fondos del Museo Porsche ha sido un hito que la marca llevaba casi medio siglo esperando.

Volver