El trabajo de todo pintor de coches está expuesto siempre a la posible aparición de defectos en su trabajo de repintado. Por eso, es fundamental poner los cinco sentidos que cada una de las etapas del proceso de pintura en el taller, con el objetivo de reducir al mínimo la posibilidad de que surja cualquier fallo.

Y es que, los defectos son el gran 'enemigo' del profesional del taller de chapa y pintura, no sólo por la pérdida de tiempo sino también por el aumento de costes que supone. De este modo, para evitar que surja algún defecto o daño en la pintura, se deberá de seguir siempre las pautas que determine el fabricante de los productos que vayamos a utilizar en nuestro trabajo.

Estas pautas nos ofrecen las claves de las características que tiene cada producto, como puede ser la viscosidad a diferente temperatura, el tiempo de secado... Por ejemplo, un mismo producto no realiza el mismo proceso de secado en una zona costera que en una zona de montaña, debido a las diferencias de humedad.

De este modo, desde la reparación y preparación de la pieza, pasando por la imprimación, el enmasillado, el aparejado, y hasta el pintado y el secado debemos seguir siempre todas las pautas establecidas por los fabricantes de los productos para conseguir siempre un acabado perfecto.

¿Qué son los sangrados de color?

Otro de los defectos que vamos a abordar en El Blog del pintor es el de los sangrados que no son más que una decoloración debida redisolución de pigmento de la capa origen con el disolvente de la nueva capa. O, dicho de otra forma, es la migración de pigmento ayudada por el disolvente desde capas inferiores a la superficie apareciendo como una mancha o sombra de color rojiza o amarillenta.

Así, los sangrados de color aparecen como variaciones en el tono del acabado en distribuciones más o menos irregulares. Es muy común, por ejemplo, en parches con masilla poliéster.

De esta forma, los sangrados de color se producen como consecuencia de la presencia en las capas de fondo (aparejos y pinturas preexistentes) de pigmentos solubles en la pintura de acabado, que dan origen a una mezcla de colores indeseada. También pueden producirse si las pinturas aplicadas afectan a las pinturas preexistentes, alterándolas y mezclándose con las nuevas.

Asimismo, el sangrado de color también puede aparecer por un exceso de peróxido en la preparación de las masillas de poliéster, que reaccionará con las capas posteriores de pintura.

¿Cómo evitar los sangrados?

Para evitar que surja el sangrado de color en nuestro trabajo de repintado, antes de aplicar los acabados, debemos asegurarnos de que las superficies a repintar se encuentran en buen estado y son aptas para el repintado con las pinturas acrílicas de dos componentes. En caso contrario o de duda, se debe emplear un aparejo o sellador como aislante.

Por lo que se refiere a la masilla de poliéster, una vez más, debemos preparar la mezcla de la masilla según las especificaciones de su ficha técnica.

Para corregir los sangrados de color es preciso lijar hasta la pintura de fondo que haya originado el problema. A continuación, aplicar un aparejo sellador (epoxi, por ejemplo) y después repintar.

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