La excelencia en el trabajo de repintado no siempre es un objetivo fácil de alcanzar. Para conseguirla, el profesional del taller debe poner sus cinco sentidos en cada uno de los pasos a seguir en el proceso de reparación de daños en la carrocería de un vehículo.

Sin embargo, esa excelencia debe ser una máxima y todos y cada uno de nuestros trabajos en el taller. No sólo por el hecho de la satisfacción personal del pintor por conseguir un acabado perfecto, sino por la satisfacción del cliente que recibe un servicio óptimo, con los beneficios que esto supone para el establecimiento de reparación en términos de eficiencia y productividad, sin perder de vista el ahorro de costes por la eliminación (o reducción al mínimo) de las repeticiones.

Por ello, además de cumplir escrupulosamente las indicaciones recogidas en las fichas de los distintos productos a utilizar en cada trabajo, debemos preocuparnos de que todas nuestras herramientas e instalaciones están en perfecto estado de uso y limpieza.

Sin embargo, como ya hemos apuntado otras veces en El blog del pintor, por mucho esfuerzo que se ponga en cada una de las etapas de reparación de una pieza de carrocería el factor error está ahí y todo profesional del taller debe tenerlo presente para evitar, en la medida de lo posible, que surjan defectos que empañen nuestro trabajo.

¿Qué son las flotaciones?

De todos los defectos que pueden aparecer en el repintado de vehículos, ya hemos hablado de algunos que tienen que ver con el color. De esta forma, además de los sangrados, otro de los defectos de color que debemos evitar en el taller son las flotaciones.

Se dice que hay flotaciones cuando la superficie de una película de acabado presenta un aspecto irregular en cuanto a su color. Esto es debido a que los pigmentos ‘flotan’ y se desordenan, a causa de su propia densidad específica, produciendo dicha alteración de color.  Así, se produce una distribución no homogénea de pigmentos debido a la diferencia de densidades.

Este defecto se presenta en pinturas con mezclas de pigmentos (especialmente en las metalizadas) y normalmente se manifiesta en forma de manchas, estrías de color diferente o simplemente por la aparición de un color general diferente del esperado.

Son producidas por el empuje hacia la superficie de las partículas de uno de los pigmentos de tamaño y peso específico diferente de los otros presentes en la pintura, una acción que no es compensada adecuadamente por los agentes humectantes de la fórmula. Si se manifiesta en forma de estrías, se detecta o aprecia al frotar suavemente con el dedo la superficie cuando se encuentra a medio secar.

¿Cómo evitar las flotaciones?

Las causas principales por las que pueden surgir flotaciones en nuestro trabajo de repintado son por un exceso de catalizador o uno inadecuado, una presión de proyección demasiado alta o baja, un excesivo caudal de pintura, por un espesor extremadamente alto de la capa de acabado, o el uso de un disolvente no adecuado (demasiado lento) para el tipo de pintura utilizado.

Asimismo, una distancia demasiado corta para pintar o una temperatura ambiente y del objeto demasiado bajas también pueden favorecer que se produzca la aparición de flotaciones.

De esta forma, para evitar su aparición es recomendable controlar la viscosidad de la pintura (mejor usar un disolvente recomendado por el fabricante), diluir correctamente, bajo agitación si es necesario, adecuar la cantidad de producto a aplicar según las especificaciones de su ficha técnica y controlar tanto la presión como el caudal a hora de aplicar la pintura.

Para minimizar y corregir este defecto se debe actuar sobre la pintura todavía húmeda, y aplicar otra capa. Si esto no es posible, deberemos lijar y repintar correctamente.

 

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